"La caída del Muro de Berlín y el posterior derrumbe de la Unión Soviética parecían traer consigo la desaparición del terror de Estado, pero no detuvieron los intentos de transfigurar el mundo, advierte Chantal Delsol. Siguiendo de cerca a Hannah Arendt, este libro se sostiene en una premisa provocadora: los elementos que hacen posible el totalitarismo seguirían presentes en nuestra cultura. En otras palabras, buena parte del
espíritu de nuestro tiempo permanece animada -según la autora- por 'la esperanza del hombre nuevo (...) para quien todo será posible'. En El odio del mundo, Delsol vuelve a apostar por la afirmación y valoración de lo que es: aquello de lo que somos herederos, descendientes, custodios y continuadores. Lejos de proponer una identificación abstracta con el mundo, la pensadora francesa reivindica en este ensayo la conciencia del papel insustituible de lo recibido y de los vínculos auténticamente humanos, dimensiones que solo pueden existir en un espacio y un tiempo concretos: un lugar que se tiene -y que nos sostiene-, un lugar en el que cada cual arraiga. Se trata, en el fondo, de una apuesta por reconciliarnos con la realidad tal como es: no porque sea enteramente buena, sino porque es concreta y presente. Porque, en último término, solo en ella, con sus luces y sombras, se manifiesta lo propiamente humano".
Del prólogo de Josefina Araos y Daniel Mansuy