Se trata de una cuestión vital. Terminar nuestras experiencias, actividades y empresas es decisivo para nuestra vida diaria. Igualmente fundamental resulta la habilidad de iniciar con claridad y decisión cuanto experimentamos, hacemos y emprendemos. Y no menos determinante se demuestra nuestra capacidad de transitar hacia la conclusión de lo que hemos iniciado. El camino de la vida, sea en su cotidianidad o en los grandes capítulos de su transcurso total, engarza como eslabones esos tres momentos: iniciar; transitar; terminar. Sin cesar, día y noche, realizamos este proceso con sus tres fases. Cuando nos sentamos a la mesa, iniciamos a comer con la meta de terminar el proyecto de alimentarnos. Durante la duración de la comida, transitamos hacia el término de ese propósito. Estamos pues ante un proceso que realizamos momento a momento, día a día, mes con mes y año con año. Ningún viviente, hasta donde alcanzamos a observar con los instrumentos de la ciencia, se sustrae al proceso de iniciar-transcurrir-terminar. Porque se trata de un camino universal y omnipresente, perdemos conciencia de él. Lo recorremos constante e ininterrumpidamente, sin darnos cuenta. El objetivo de este ensayo consiste, precisamente en ser conscientes de esa vía con sus tres fases. Al percatarnos de su presencia y dinamismo, podemos aprovecharla para alcanzar nuestras metas personales y grupales.